lunes, 11 de diciembre de 2017

Sobre los pijamas de franela

El duelo nunca ha importado más que los cimientos
luego mencionaste el hogar y las llamitas
                que arrasan los montes gallegos.
Ahí tomamos conciencia de lo fácil y casual
que es dejar de ser:
trabajo,
               mediocridad, 
                                        cáncer,
lo divertido de especular con un terreno que mis óvulos conocieron verde
que el yo-hija pisa
que el yo-madre narrará
que el yo-herencia miró con cuencas de ancestro.

Pisáis el cuarzo que ha dado forma a la violencia:
adoración, la ladera en que venimos a despeñarnos
cuando el aire es demasiado caliente.
Hoy ha prendido el lagrimal,
ese primer chupetón
y mis dientes de leche,
aunque mi casa de parafina juzgue
lejos,
alta,
en pie.


lunes, 23 de octubre de 2017

Rastrojos



Preguntas de dónde vengo
aquí                                    -ahora, nunca-
como si la respuesta fuese fin y no emulsión
como si pudiese negar con cada uña
una verdad que entre estas vallas siento barrio:
que el hogar es algo relativo y depende de las sábanas
que esta tierra permite la agonía de sus plantas, del mar
y el calor de las hogueras en que me arden las raíces
si mi pueblo llora,
si exige a gritos invierno.

Te acercas mientras veo hablar a otros
y reconozco que no entiendo los contornos del abecedario
ni el sentido de un cielo uniforme
ni la mugre que recubre cada sima hasta tu cuello
y acerca los reflejos más traumáticos:
la indecisión no repele los hilos rojos
de todos los ovarios inmaduros.

Quédate ahí, mejor,
un pie delante del otro.

Quédate ahí, mira y ríe.

Retrocede.



Este texto aparece en Contraseña Pez Espada,
blog multidisciplinario en el que participo,
a partir de una palabra asignada aleatoriamente,
el día 23 de cada mes. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Absurdo constructivo

Mejores que el tiempo

que nos ha hecho jóvenes, guapos, rebeldes,
mejores que los de mocasín y camel,
que las raíces del parqué familiar
que las luces y las lumbres.

Mejores que los desconocidos del verano anterior,
desfilando con nuestros nombres
(un, dos, tres).

Ver de lejos las fotos del salón:
niños sin cara en caballitos de papel.


                         Levantar las cejas y quemarlo todo.




A mis amigos, distinciones aparte.
Gracias.

jueves, 31 de agosto de 2017

Dramatismo homogéneo (18 de agosto)

Quiero quedarme aquí
echar raíces en el suelo mojado
ahora que mis gestos son menos,
que no sé pronunciar luz
ni reconozco los muertos
(en estas formas a llenar
aún puedo bautizar en lengua romance
y llorar nombres sin rasgos).

¿Sabré desandar los pasillos
a la vuelta?