jueves, 7 de agosto de 2014

En el confesionario.

Es más fácil derribar el muro a cientos de kilómetros de ti,
apartado el miedo de encontrarte al girar la esquina.
De esa manera, el tiempo que no paso esquivándote
lo puedo malgastar rezando a todos los dioses cuyo nombre recuerde.
"Necesito cambiar, por favor.
Quien antes me alentaba ha conseguido madurar:
ahora solo tiene tiempo para repetir clichés y hartarse un poquito más de mi.
Ayúdame, lo suplico. Soy incapaz de avanzar con ellos,
¡estoy estancada!
Dejo mis huellas donde no debo y
siempre acabo consiguiendo lo que quiero;
nunca lo que necesito."
Pero el tiempo pasa, los milagros no llegan,
y este ateísmo no hace si no agravarse.
No salgo de mi ingenuidad,
y tras un psicoanálisis al más puro estilo Warhol,
concluyo que tampoco quiero salir.
Qué cómodo es fallar a todas y cada una de las promesas
que alguna vez me hice.






                                                         -María. En conclusión, que agradable es lo ridículo.