domingo, 16 de noviembre de 2014

En vela.

Solo es una noche como otra cualquiera,
de esas que pasas en vela con la certeza de no tener un brazo alrededor de los hombros;
con la sensación de que nada va a hacia donde debe.
Una madrugada casi tan oscura
como la linea argumental de tus pensamientos en las últimas semanas;
más triste aun que la sensación
de faltar a todo lo que alguna vez has creído,
de estar haciéndolo todo al revés.
La única salida es rezar para que el quinto pío del cuco
no te vuelva a pillar despierta,
y esconderte debajo de las sábanas
de todas esas sombras sobre las que nadie te advirtió cuando debía.
En sus últimas horas resulta ser
la vigilia ideal para confirmar la creencia popular
de que las noches oscuras no riman con personalidades inocentes
y concluir, con los ojos ya entrecerrados,
que quizás mañana sea tu día.
Las vísperas de los desesperados
siempre son extremadamente esperanzadoras.
                                                    -María, descubriendo que escribir en tercera persona no lo hace                                                               menos propio.