miércoles, 28 de octubre de 2015

Cómplices.

El pus bajaba en caída libre, desde su rodilla derecha hacia la comisura de los labios del chico. Agua blanquecina resbalando por las mejillas, bordeando su barbilla, camuflándose con el mármol de la cocina de sus padres.

La voz del presentador del telediario se difuminaba al llegar a la puerta cerrada. Apoyados contra el cristal del marco, unos labios se estiraron, enseñando un horizonte de dientes amarillos.
Clon, clon, clon.

Clon.

viernes, 23 de octubre de 2015

Tic.

Ella era una espalda contraída y lágrimas en sprint hasta su barbilla; una mezcla de humos ajenos y aspiraciones inexistentes. Poco más que un rosario colgado del cuello y una camiseta deshecha por las mangas, casi tan oscura como las pesadillas que le asediaban a mediodía.

Tic, toc. Tic, toc. Tic, toc. Tic, toc. Tic, toc. Tic, toc.

Ella era los mosquitos suicidas del bar de enfrente, el campanario cada vez que eran uno menos y la sombra de alguien que nunca le perseguía. Era un cartón brillante en los bordes, un estómago que sonaba más alto que su voz: barco encajado entre dos planchas de metal. Empujando.

Los pétalos que caían de ese balcón.
Las nubes que estropeaban la foto de la luna.
Lo que esperaba y esclarecía una rutina avocada al fracaso.
Hablar de pérdida en el infierno.

Era un punto en boca.

jueves, 1 de octubre de 2015

Volver.

A la arena amarilla, reflejándose en el Caribe,
a tumbarnos en la Plaza del Obradoiro después de una hora de canciones,
a sentir las piedrecitas frías de Tayrona, corazón de las energías,
de cara a las lágrimas de San Lorenzo.
A tiritar dentro del saco, con la cremallera azul pillándome el cuello,
al atardecer más bonito del mundo,
al café en Cartagena
y a las cámaras a pilas.
A las oreos robadas,
a los teleSféricos,
a la bahía de Santa Marta,
a no dar de comer a los perros
y a los cables.

De Tunje, o de donde sean.

A las vidrieras de León,
mezclándose con los graffitis de La Candelaria,
a la camiseta pequeña de Messi muriendo entre el café de mis desayunos.
A la pasión,
a lo frenético,
a los Rodríguez y a la famosa bendición del mamo,
a una rutina que no convence a nadie que no haya formado parte de ella.
A mis compañeros,
familia,
apoyo,
recuerdos tangibles y determinantes.

Volver a vosotros (o a mi).