lunes, 28 de marzo de 2016

También.

Tener quince años,

y pocas ganas
de seguir ahí, sin hablarles,
sin poder quemar las tablas del uniforme de colegio
con expectativas y voz de pito
(vaya con los clichés, y qué gusto el drama)
y todo el rollo de la patria y el sentido
la muerte y si habrá algún dios,
o demonio
esperando para recoger mis cenizas
y repartir bien mis órganos.


O tener quince años (y unos pocos meses más)

y descubrir las parejas dominadas
en plural
la que se sienta en las mesas del fondo
y se amoratona mientras ridiculiza
mierda grasa gafas y caras de pan,
con los idiotas que se ríen respirando
la suerte de los no reídos,
y llorar, llorar muchísimo
pensando blablabla voy a estar sola
seguir muriéndome
entre fuegos cruzados.


Que se vaya la luz,

primero intermitente,
para hacerme entecerrar los ojos
ser mártir de mí misma,
con eso de que si estos son los mejores
no quiero saber qué vendrá los años siguientes,
enumeraciones
de corderos degollados con los sesos dentro de botellas
de alcohol etílico y barato y del que te hace sentir mayor

y más blablablabla.






miércoles, 2 de marzo de 2016

Toxicidad.

El arcoíris
Atraca en el Teide
Y en tus manos.

Es Año Nuevo:
Las luces que explotan
Nosotros, sombras.

Todas, Lolita
Las noches nuestra tumba
Sin ver a Humbert

La mano lleva
El tiempo y se clavan
Las manecillas.

Duerme girasol
Y ábrete conmigo
Blanco, puro, luz.

Yo soy simbionte
De todos los humanos

Excepto de mí.

Todos los días son
el día que no estamos
esperando, sin más.