miércoles, 13 de abril de 2016

21.

Pómulos del color de la vaselina de fresa
de mamá, y tu camiseta negra,
polvo de ceniza y tabaco de liar,
mirando mis labios de pica-pica y pasta de dientes.
Rebotan.

Esperando a entrar en el cajón simétrica y tropical
que huele a los Bajos de Moncloa a partir de las tres,
con las botas del Camino y el neón rojo de Jäger.
Suena una canción:
cuando más sientes es antes de dejar de sentir
y la lata verde, con las estrellitas, mi padre los sábados al mediodía,
rueda por la cuesta y acaba en el río,
denso,
escoltado
por los escamas plateadas de siempre.

Rojas y verdes y azules y primarias
mejillas que se serigrafían,
estética de nuestros tíos
sin cartas que destapar

ni con las que echar un solitario.

Los colores no se estancan.