viernes, 6 de mayo de 2016

La resurrección de la carne.

Cierras tus yemas sobre la palma,
acariciándote,
sin terminar de extender los dedos.
Una, dos, diez veces.
Como la arena de agosto a las tres de la tarde,
sigo en tu puño.
Escucho una risa y carraspeos,
asmáticos o borrachos,
detrás de los azulejos.
Ahora no siento 

los dedos ni las ganas.

Me froto los ojos y caigo contra el asiento,
el asfalto y los niños y los focos y las noches de Madrid
y la carrera y mi familia y estos quieren verme
y los nos tienes olvidados y las faldas y la comunión de mayo
y la lavadora y el viaje de agosto que acabará en nada
y los whatsapps y los motivos y la adolescencia eterna, por dios
y Dios y las biblias de tres al cuarto y la entrevista del miércoles y
la presentación de comunicación y
cuántas anécdotas y cinismo y sinceridad y
a ver si se me olvida esto, de una vez.