viernes, 30 de diciembre de 2016

Aerolito

La lealtad es un estado adulterado del envejecimiento
Nosotras cogimos hielo para las ampollas de sangre y esperamos
crecer hongos de sal verde
estrías en los muslos pelos en el ombligo pus en la barbilla
fuimos y aún después de evaporarnos seremos las fotos del corcho
pelo largo pulseras de colores escotes hábiles
        brillo

Entré en la mayoría de edad con los ojos irritados y las manos
tiriteras que no sabían liar que se abandonaron a otros propósitos de Año Nuevo
prefiero la decepción ajena a la propia mil, dos mil veces
dos mil voces pronunciándose sobre lo no cumplido
Es más fácil mentiros a la cara que a mi ojo interior
Las energías y los ciclos vitales suben en orden chakral dedos
gordos rodillas deformes ovarios inmaduros
media carótida
Lo cuento con música muy alegre de fondo
Os lo juro, con armónicas y todo pienso que mañana
me atropellará un camión
momento de orgullo
escuchar mis padres lo que nunca pensasteis de mí,
personificaciones de culpa compartida, bocazas

Y yo ahí, calladita
las manos sin guantes en la tripa fría
estrenando el vestido de Nochevieja
el comentario de otra tumbando el evento
no más oye y cuándo piensas presentarnos 
no más oye y por qué la Erasmus tan lejos
no más oye y por qué dejasteis de hablar
no más fotos no más corcho en barrena
no más corriente cenando en Navidad

Embalse de Gabriel y Galán, diciembre de 2016

martes, 13 de diciembre de 2016

Tres seis seis.

Doce cero uno a eme
mamá grita en la puerta:
luz encendida, pasillo vacío.

El techo son miríadas color beige,
atemporales como Beatles
hace tanto de eso que ya no sabemos cuándo ni quién
lo eligió.
Todo lo que no pasa de moda es un coñazo:
para qué comprar algo que podrás llevar el año siguiente,
pintor de techos.

La ducha y el desayuno siempre son fríos,
da igual en qué enero
o pueblo de Extremadura estemos.
Si tenemos frigorífico vamos a usarlo,
aunque no sepamos a qué temperatura se hiela
la baba que el caracol deja al escalar.
Meted todo dentro y cerrad la puerta,
no escape la escarcha al quitarnos los jerséis.

Ahora que estoy lejos se me ocurre:
mamá y papá no se dan besos
se dicen hasta luego.
Cuando no viva con ellos se darán la mano, si eso.
Tal vez se lo monten en el capó del coche.
Ojalá.
Los matrimonios con hijos son lo peor.
Educar para mantener a sus propios padres contentos:
con los nietos delante no les escupen
 el cateo de mates en primero de bup.

Clases hasta las tres,
sobacos altos en el metro
habrá una razón para que todos bajen en Sol y besen
 el kilómetro cero.
No solo los de provincia: - “¡Madrid es la ciudad de las oportunidades”
(los que vimos cómo la quemaban la odiamos
lo justo para no mandaros a tomar por culo)
Es el individualismo de la Urbe:
con tanta gente alrededor es imposible deprimirte
como manda el Diario de Bridget Jones.

La Navidad es pésima.
Por más carruseles rojos que pongáis en Pontejos
los churros babean aceite hirviendo
entre bufandas de cachemir
y niños rubios subidos a caballitos.
Giran.
Los padres se dan la mano porque es Navidad
y en Navidad se hacen cosas extra-ordinarias
colas de cinco horas para comprar lotería
los ahorros de tres meses en la cara de asco de tu hermano
el árbol de Navidad sintético
la herejía llegando a Belén desde la Plaza Mayor.
Papel rojo y dorado y erótico-festivo
de Gran Vía a Santibañez
de mi casa a la del niño rubio
los padres siguen de la mano
y él
todavía es muy pequeño para entender
que un matrimonio con hijos avala su amor
con el cerdito que más sonríe a los pajes de la Cabalgata.