miércoles, 19 de abril de 2017

Manso

Tus muros son puentes para animales
forjados en hormigón cremado.
Huelen a hígado y aceite de palma
                                                               un paseo sin vistas.
Estiro El Índice y rozo
el alquitrán cerúleo de tu muñeca
el principio de una nuca y sus pliegues mortuorios
(amamanto musgo, levantamos mármol)
Señalas la hiedra uterina,
ventosa con nombre de bebé:
“no cabe más vacío en las caderas”.

Pregunto: ¿para qué sirven los pulmones en un cuerpo triste?
Llevo a mi lengua el martirismo de Mujer y bebo mis anillas.
No miras (bebo mis anillas),
no miras mientras
uno, dos, tres

cuántos dientes hacen falta para desgarrar un corazón que solo late.


Cementerio de Montmartre, abril 2017



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