domingo, 4 de junio de 2017

Edad: los ombligos.

Tú no quieres pezones hinchados ni estrías en las llagas
ni lágrimas de sobra empapando tu Urna.
Quieres ser mujer, como en la teve,
persona de potitos, purés,
pañales, pendientes a la fuerza,
petos que recen “no consiguió lo escrito:
por eso os tuvo a vosotros, montón de ombligos.
Aspirad la pena impuesta y formad un cuenco,
cerrad los dedos sin uñas alrededor del útero narcisista
que regaló muerte a sus ovillos fotosensibles.”

Tú no quieres pezones hinchados ni estrías en las llagas
ni lágrimas de sobra; todavía no eres Urna.
El pelo es largo y claro, tus pechos, vacíos y firmes;
las tendencias, egoístas y a deber.
Tú, bípeda autodidacta, resignada a la metástasis de la saliva
en todos nuestros labios:
inspira, reza en susurros.
Imprime en tus orzuelos la luz del portal a las tres de la mañana,
la indiferencia por aceite y cartón en la Calle Mayor,
las faldas de vuelo, el grafito de tu frente,
la mugre creciendo en el espejo del ascensor.
Preguntas: ¿Cuánto hay en tus yemas de nariz e histeria,
Diazepam y culpa
y cuánto de tu creador?
Escuchas: eco.
Flagelas: ¿En qué medida eres copia y en qué pena cremación?
Silencio. Hueles:

pulpa de limón.



París, marzo 2017.